Cela no se limitó a escribir 120 libros...
Su vocación de bibliófilo, su apasionada devoción por el libro de calidad, le impulsaba a influir ante los editores (cuando no a sustituirlos) para cuidar de la edición con el mismo esmero que dedicaba a la escritura. Formatos, tipos de papel, tipografías, márgenes, ilustraciones de portadas, viñetas interiores...
Todo le preocupaba y a cada aspecto del proceso le concedía una especial importancia; la misma que exigía a sus colaboradores; la misma con la que él podía, durante semanas y semanas, exprimir su fecunda inspiración hasta dar con el título adecuado para cada obra que salía, con no poco esfuerzo, de su pluma.

(Leer el artículo completo, Noticia sobre estudios celianos de Tomás Cavanna Benet, en El Extramundi)