El cierre de una librería -tema tan tratado desgraciadamente en este blog- es una "pérdida irreparable" en el más exacto sentido de la expresión. Sabemos que difícilmente se abrirá otra. Una librería de viejo es un lugar con unas características especiales: el local, la calle, el librero... Es un proyecto comercial soñador, hecho a veces por el placer del propietario. Si se cierra, no es fácil abrir otro igual. Y el paseante, el buscador, sabe que ha perdido algo importante en su vida.

En Málaga, 'Baraka' es -aún- una librería de tamaño mediano. Un mostrador central concentra una muda algarabía de libros que se sosiegan y se ordenan en las estanterías adosadas a unos muros de ladrillo descarnados. Sutiles e intencionados toques de diseño. Su propietario, el entrañable Momo, la ideó como parte de un conjunto complementado por un altillo para tertulias literarias y una tetería contigua con acceso independiente, pero tan atractiva ósmosis era demasiada provocación para la espesa burocracia administrativa, poco proclive a innovaciones, de ahí que acabara desistiendo de la idea para vender los libros a pelo y sin aderezos, con el resultado descrito. De todas formas, en los pocos días que duró esta estimulante invitación a la promiscuidad, la proporción entre los clientes de copas y de libros fue de doscientos a uno.

La librería 'Baraka', por ruina del negocio, cerrará el próximo cinco de enero para convertirse en un restaurante. (Leer más)