He oido comentarios de personas a quienes no les gustan los libros antiguos o viejos, despreciando su aspecto sobado o roto, y que argumentan aún más su repulsa por el mal olor... Es como un olor a pobreza, a falta de limpieza. Un rechazo que no provocan los "otros", los libros nuevos y su olor a imprenta, el brillo exterior de los best sellers...

El rechazo a los libros usados coincide ahora con el rechazo a los indigentes de Dallas que dice la noticia: "Los planes de prohibir la entrada a personas malolientes a la biblioteca pública de Dallas ha desatado una disputa en esa ciudad del sureño estado de Texas en Estados Unidos". (Noticia completa en BBC.Mundo.com)